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sábado, 4 de mayo de 2013

Hipno habitante


Era preciso que me tomara unos momentos y la viera transitar la habitación en su ropa interior. Esa piel que dejaba ver detalles de encaje negro y deseo explicito, mientras me iba permitiendo quererla tanto como si no pueda sostenerme en mí.
Volteó, cruzamos miradas, y mientras mi respiración era la agitada oxigenación de mis células dilatadas bajo su goce, ella  jugueteaba con el espacio vacío de la habitación que el humo que su cigarrillo no invadía.

Parpadeo.

Las olas de las sábanas la rodearon, permitiendo que entre sus pliegues se perdiera la poca ropa que le cubría. Lenta y suavemente la espuma de esas olas blancas la hacían emerger para respirar, ella y yo, bajo el ensueño del momento, donde todo perdía espesura y dejaba el ambiente como si Hipno vagara sobre nuestras cabezas.
Quise llamarle a mi lado, salvar el poco espacio entre las sedientas llamas de mis dedos y su piel inundada de la esencia de mi saciedad. Pero solo el aire y las sábanas la acariciaban, creando celos en mí.

Respira, respira.

Recuerdo que bajo estas manos ella temblorosa se entregó al deseo compartido; y entre suspiros y lenguas titubeantes que jugaron a pertenecerse encontramos las caricias necesarias para estremecernos y jurarnos la noche de las violetas. 

martes, 5 de enero de 2010

Otra vez la nostalgia

El helado, el café, las sonrisas y las tardes en el parque, comiendo pasta y platicando de muchas cosas y de nada.
"La nostalgia es una cosa cabrona", me dije alguna vez mientras seguían transcurriendo los días, las semanas y los meses en los que no has estado a mi lado. ¿No es acaso esta espera la que hará de nuestro reencentro la cosa más deseada y buscada en el vaivén de nuestros días? Aun así, me tiro en el pasto y pienso una vez más que esto de estar esperando que las tardes sean como las de hace ya algunos meses, solo me rompen el alma y la envían cachito a cachito al extranjero, optando por no perder esta poca humaniddad que me queda y que voy empeñando en el quehacer de los días de invierno, convertidos poco a poco en días de primavera.
Cuando la tarde llegue a su fí, será hora de levantar el vuelo y volver a casa. A la sucia soledad del café casero y las hojas desperdigadas por el cuarto, mientras sueño a perderme entre las ideas que una y otra vez invaden mi esfera de tranquilidad.
¿Son mis sueños los que veo pasar del otro lado de la ventana? Auún no lo se. Si así fueran, los muy desgaciados me dejan, acurrucado entre la colcha de mi cama y las hojas que me cubren en el desvelo artístico que me incuba, y me propicia a escribirle al viento.

OH, me he dado cuenta que otra vez he escrito de más. Pido perdón a quien lo lea.

1:36 am Día 6 del mes primero del 2010