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jueves, 31 de mayo de 2012

Ese faro



Me mantuve en vigilia mirando al horizonte en la espera de divisar la sillueta de su barca. Acostumbrado a la brisa marina me hice amigo de las gaviotas y demas habitantes de estos linderos entre la tierra solida y el mar con sus olas inquietas. He aprendido a leer en su vaiven los destinos de los que van perdiendo la razon arrojandose a los designios siempre desconocidos de la marea, asi como de aquellos que se han quedado a vivir en la bahia, anclados en el eterno ensueño de la nueva ola.

Es ahora que he dejado de mirar el atardecer, cuando habituado a la sal marina he encontrado en el faro la estela de luz que puede guiar esta vida mia, existencia del hombre que vive entre el cielo firme de las montañas y el horizonte del mar en viaje. Solo que el viejo faro tiene sus problemas, solo resplandece en momentos en los que la tranquilidad de la brisa le permite emitir esa claridad de la que es capaz. Es el faro y su resplandor la que me embelesa, me mantiene anclado en la espera, rogando por ver de nuevo el haz de luz cortando la niebla que invade de constante estos lugares. Esa niebla que impide ver cada dia el amanecer con esa claridad que todos esperamos, y mas este solitario escritor enamorado del mar. 

martes, 5 de enero de 2010

Otra vez la nostalgia

El helado, el café, las sonrisas y las tardes en el parque, comiendo pasta y platicando de muchas cosas y de nada.
"La nostalgia es una cosa cabrona", me dije alguna vez mientras seguían transcurriendo los días, las semanas y los meses en los que no has estado a mi lado. ¿No es acaso esta espera la que hará de nuestro reencentro la cosa más deseada y buscada en el vaivén de nuestros días? Aun así, me tiro en el pasto y pienso una vez más que esto de estar esperando que las tardes sean como las de hace ya algunos meses, solo me rompen el alma y la envían cachito a cachito al extranjero, optando por no perder esta poca humaniddad que me queda y que voy empeñando en el quehacer de los días de invierno, convertidos poco a poco en días de primavera.
Cuando la tarde llegue a su fí, será hora de levantar el vuelo y volver a casa. A la sucia soledad del café casero y las hojas desperdigadas por el cuarto, mientras sueño a perderme entre las ideas que una y otra vez invaden mi esfera de tranquilidad.
¿Son mis sueños los que veo pasar del otro lado de la ventana? Auún no lo se. Si así fueran, los muy desgaciados me dejan, acurrucado entre la colcha de mi cama y las hojas que me cubren en el desvelo artístico que me incuba, y me propicia a escribirle al viento.

OH, me he dado cuenta que otra vez he escrito de más. Pido perdón a quien lo lea.

1:36 am Día 6 del mes primero del 2010