lunes, 1 de marzo de 2010

MIEDO

Calam, no desesperes. La oscuridad que en este momento se cierne sobre tí comprende una naturaleza normal y necesaria. Cuando en lo oscuro albergas tus miedos, en esta ondura los separas y objetivizas fuera de tí. penitente es el hombre que decide cargar con sus temores y sus penas, aumentándolos de forma irracional al tomarles tanta importancia. Las convierte en un lobo que acampa es su propio lecho. Presente, ostigante y aterrador.

Por más propiedad que tengas sobre tus miedos, en el fondo te son tan extraños.
Lo que te rodea se reduce una y otra vez a tus miedos.

Solo la tristeza y el miedo pueden ser objetivos, pues se está plenamente consciente y se está alerta frente al mundo extraño que nos rodea. Distanciado del sentimiento de felicidad y goce, donde la visión dista demasiado de ser objetiva por el talante impreso en la propia felicidad.

(Soundtrack recomendado: "The Greatest" - Cat Power)

domingo, 14 de febrero de 2010

ERROR

Tengo la completa certeza de que, si cerrara los ojos, no solamente me encontrarìa encerrado una vez màs en mì mismo, cautivandome en la exquisiès de mi soledad, rodeado con la delicadeza de saber que dentro solo puedo herirme yo mismo. INUTIL ERROR.

Resulta que muchas cuestiones incómodas, inconclusas y sin resolver por completo rasgan mi supuesto refugio interior y me recuerdan una y otra vez que no soy un acorazado. Que la simple intromisión de un pirata ha hecho que mi barco se hunda de poco en poco, tratando de salvar todo lo que pueda saltar por la borda y flotar en la superficie de mi alterado entorno. Y todo por creer que las palabras eran el simple reconocimiento de mi conciencia frente a los demás. Olvidé que las palabras también son armas punzo - penetrantes.

Y ahora, dudando hasta de los planes esructurados, las nubes se vuelven neblina que me ciega y empaña mis lentes. Las costumbres ya se ciernen rotas sobre mis pies, haciendo peligrar su bienestar y por lo tanto mis pasos. Cuando más seguro de lo que sentía, más fuerte fue la caída.

miércoles, 27 de enero de 2010

MIEDO A LA MELANCOLIA

Si, las multitudes me atraen a ese vaivén de no saber si vas o vienes de algún lugar. Cuando alzas la mirada del piso, o cuando despiertas por fin sobre el sistema de transporte colectivo, te das cuenta que todo está puesto para que vivas una vida sencilla y con solo la necesidad de meterte algo en el estómago tres veces al día. El alma gris que cobija la Gran Ciudad cumple perfectamente con su cometido en mi caso: hacer que me olvide por un tiempo de que no existo aquí, que tengo que cumplir con muchas cosas o que tengo esta melancolía que me revuelve el pecho y me lo desbarata.

No voy a decir que la Gran Ciudad no tiene sus contras, y claro que los tiene. De vez en cuando me regresa brevemente a la realidad de mi falta; esa falta de un contacto físico tan deseado y frenético. Tengo ganas de esas caricias tibias y esos labios abrazantes. Tengo ganas de unos brazos rodeando mi cuerpo, mientras veo unos ojos cafés. No pido más. Lo que sucede con esos pequeños golpes bajos de la Gran Ciudad es que de repente puedes ver pequeñas vidas entrecruzadas, disfrutando de ese gusto sensual que tanto tiempo me ha sido negado. Ver sobre el transporte colectivo a los otros, gozando de un tiempo que la distancia me arrebata a cada rato, golpeándome directamente en el pecho, la boca del estómago o la entrepierna.

De verdad que será raro regresar. TENGO MIEDO.

martes, 5 de enero de 2010

Otra vez la nostalgia

El helado, el café, las sonrisas y las tardes en el parque, comiendo pasta y platicando de muchas cosas y de nada.
"La nostalgia es una cosa cabrona", me dije alguna vez mientras seguían transcurriendo los días, las semanas y los meses en los que no has estado a mi lado. ¿No es acaso esta espera la que hará de nuestro reencentro la cosa más deseada y buscada en el vaivén de nuestros días? Aun así, me tiro en el pasto y pienso una vez más que esto de estar esperando que las tardes sean como las de hace ya algunos meses, solo me rompen el alma y la envían cachito a cachito al extranjero, optando por no perder esta poca humaniddad que me queda y que voy empeñando en el quehacer de los días de invierno, convertidos poco a poco en días de primavera.
Cuando la tarde llegue a su fí, será hora de levantar el vuelo y volver a casa. A la sucia soledad del café casero y las hojas desperdigadas por el cuarto, mientras sueño a perderme entre las ideas que una y otra vez invaden mi esfera de tranquilidad.
¿Son mis sueños los que veo pasar del otro lado de la ventana? Auún no lo se. Si así fueran, los muy desgaciados me dejan, acurrucado entre la colcha de mi cama y las hojas que me cubren en el desvelo artístico que me incuba, y me propicia a escribirle al viento.

OH, me he dado cuenta que otra vez he escrito de más. Pido perdón a quien lo lea.

1:36 am Día 6 del mes primero del 2010

martes, 29 de diciembre de 2009

Escrito

-“¿qué es el sentido común?”- se preguntaba mientras el café se iba enfriando sobre la mesa, junto a un cigarro y el diario de la tarde. La bocanadas de humo iban esparciendo su tibio sabor seco por tomas sus papilas gustativas, mientras el aire tornaba el ambiente más frío a su alrededor. Sabía que nunca encontraría una respuesta satisfactoria a su pregunta, más sin embargo le gustaba preguntarse por cosas complicadas para hacer de su mente un embrollo, antes de poder disponerse a debatir consigo mismo si era conveniente seguir en el café de siempre, con el frío adentrándose en sus pulmones, en lugar de ir a su casa, con sus gatos y la calefacción, mientras el trabajo seguía agolpándose encima del escritorio.

La vida ya no era la misma. Los rincones de la ciudad, que antes le parecían novedosos y sin un alma exploradora que los hubiera transitado antes, ahora regresaban a la normalidad, donde los cientos de pares de pies los recorrían una y otra vez en el vaivén de la vida citadina. Las pequeñas – grandes preguntas sin razón le hacían regresar a ese estado de inmadurez emocional, donde las preguntas solo tenían las respuestas que solo lo conformaran a él y solo a él.

Caída la tarde sobre los hombros de los transeúntes, presurosos por encontrar un refugio apropiado para sus cansados pies, la lluvia se pintaba como un porvenir inevitable y furioso. La brisa fresca de la noche solo era el mensajero de los dioses pluviales sobre los hombres, mientras él se distraía con el movimiento fugaz de su pensamiento.

-“¿Alguien leerá realmente su columna vespertina?”

Cuanto el pensamiento se agolpaba en esas situaciones, solo se distraía escribiendo una línea más sobre el papel de su diario – agenda. Cuando las cosas perdían su sentido, solo se limitaba con acariciar un rato a Rufus, y oírlo ronronear sobre su regazo. El gato y la agenda – diario se quedaron en casa.

Oía los sonidos sordos del invierno, dando pequeños tropiezos por entre las calles adoquinadas del principal cuadro céntrico de la ciudad. Y cuando por fin la soledad acompañada del momento taciturno del día lo embarcaba en un nuevo sopor de nostalgia por las personas lejanas, pensaba en una nueva taza de café.

-“¿Son las cosas materiales, junto con las obligaciones inventadas de la sociedad, las que nos distraen de tan dichosas tarde de ensimismamiento? ¿Lo que me hace falta ahora es un gato nuevo, o un libro sin leer, o una columna que escribir? ¿Cuántos hombres pasarán por aquí, sin saber que estoy pensando en cosas que nos incumben a todos y que solo unas cuantas personas leerán en el diario vespertino de mañana?”

Las cuestiones seguían sin ser resueltas satisfactoriamente, mientras el café se enfriaba entre sus manos, a falta de un bolígrafo y un papel para distraer a sus dedos huesudos.

-“Creo que es hora de regresar a casa”


5:00 hrs

El escritorio está ahora vacío.
El pisapapeles está tirado en el piso, mientras las hojas se suspenden en la pared, sostenidas por grupos con tachuelas que las sostienen.
Cuantas cosas quiero escribir y no puedo. La mente no me da la solución para poder plasmarlas en el papel, sin que pierdan esa esencia con la que se presentan mis ideas en la mente. No sé si alguien, alguna vez, sienta la necesidad de leer y releer mis escritos, buscando el oscuro secreto que guardan la palabras tras de sí. Resultan ser la estorbosa necesidad de querer exponer mis ideas a quien quiera leerlas y releerlas.

Alguna vez en mi juventud más plena, mientras los rayos del sol no me lastimaban los ojos ni el viento me parecía tan fastidioso, me pregunté si había la necesidad de escribir todo lo que se ocurriera dar a conocer al mundo, dentro de mis introspecciones. Alguna vez encontré la saciedad de mis noches noctámbulas en el deseo de ser famoso y ser reconocido mundialmente. Otras noches encontraba la solución en el simple gusto por escribir todo lo que se me ocurría. Y sin embargo, nunca llegué a sentirme completamente feliz por lo escrito, o por lo expresando por la palabras. La saciedad intelectual me resultó ser inalcanzable e incomprensible. La complejidad de mis pensamientos solo me dejaba con un gran vacío interior, cuando el intelecto y las palabras me fallaban. Entonces llegaba ese dolor punzante en el pecho, como presionando terriblemente mi tórax contra mi espalda. La desesperación invadía mi ser en su toda su extensión, desde el deseo de querer terminar tan agobiante actividad y la obligación de no poder hacerlo, hasta la reacción psicomotora de expresar mi tensión haciendo temblar las piernas cual si quisieran emprender la huida sin el resto del cuerpo. La desesperación llegaba en todo su esplendor, cuando veía un fin incierto en mis escritos.
Entonces, la desidia, la distracción, el hambre, el sueño.
Eran el motivo idóneo para terminar como se pudiera. Total... siempre hay otro dìa.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Trasnochado

Eso me pasas por dormir demasiado tarde.
Me he acostumbrado a dormir demasiado tarde y levantarme demasiado temprano. Por eso termino durmiendo en cualquier lado a medio día. jejejejeje

Son las 12:41 pm.
Realmente ya me cansé de muchas situaciones y de muchos aspectod de mi vida, los cuales solo me causa algunas preocupaciones, pero no menos satisfacciones pasajeras.
Posiblemente he lastimado a más de una persona, y al final también lo lamento. En verdad no soy un descorazonado. AL contrario.... soy muy aprehensivo, por lo que mis amigos no podrán recriminarme.

Posiblemente esto que escriba no tiene ningún interés para nadie, pues no creo que alquien se dedique a leer lo que escribo en los diferentes lugares en donde escribo, mas sin embargo dentro de mí todavía existe la mínima esperanza de que un@ transnochad@ como yo, no tenga algo más que hacer y lea estas cosas.

Son las 12:45 pm

sábado, 3 de octubre de 2009

Deambulando y Sonámbulo

Bueno... es la 1:26 de la mañana en mi cuarto, sin mucho sueño y si con algunas ideas.

Ahora me he dado un poco a la tarea de escribir un poco en este pequeño espacio del Internet que me es permitido, sin realmente no mucho que decir. Más que estar escibiendo aquí debería ponerme a leer y escribir algo de mi tesis o de mi investigación personal.

jejeje.

Extraño Diciembre